Sin
duda el lector naturalista sabe que el número de especies de seres vivos es muy
grande –varios millones-, que constantemente se están extinguiendo y formando especies,
y que vivimos en el momento de mayor diversidad biológica de la historia de la Tierra;
pero ¿se ha preguntado alguna vez si el número total de seres vivos terrestres
permanece invariable, si sigue alguna pauta periódica, o si crece o decrece uniformemente?
Robert Rhode y Richard Muller lo hicieron: emplearon métodos estadísticos para
estudiar la biodiversidad (definida como el número de géneros de seres vivos)
durante los últimos quinientos cuarenta millones de años (desde la aparición de
los animales con conchas): hallaron que aumenta y disminuye siguiendo dos ciclos,
uno de sesenta y dos millones de años y otro de ciento cuarenta millones. Merece
la pena resaltar otras conclusiones del estudio: las disminuciones de la biodiversidad
son abruptas, mientras que las recuperaciones lentas; en algunos períodos
aparecen fluctuaciones adicionales de treinta millones de años; y una última
secuela, las cinco grandes extinciones masivas de seres vivos, sucedidas
durante este intervalo de tiempo, coinciden con fases decrecientes del ciclo de
sesenta y dos millones de años, lo que indica que debe haber una relación entre
ambos fenómenos, no obstante las cinco extinciones no muestran periodicidad.
Una
vez identificadas las regularidades cabe interrogarnos por sus causas. Ya se
han propuesto diferentes hipótesis astronómicas para explicar las variaciones
de la biodiversidad, aunque todavía no se ha descartado que los ciclos se deban
a fallos en la detección de los fósiles. En el transcurso de su órbita en la
galaxia, el Sol atraviesa repetidamente los brazos espirales que albergan
multitud de nubes moleculares y acogen a numerosas supernovas; aquéllas
desestabilizan la nube de Oort (el conjunto de astros que se hallan más allá de
la órbita de Plutón), lo que desencadena una lluvia de cometas que afectaría a
la Tierra; y éstas ocasionan un aumento en la intensidad de rayos cósmicos, que
afectan a la capa de ozono y al clima terrestre. El Sol también atraviesa el
plano de la galaxia periódicamente: la fuerza de marea gravitatoria, mayor en
el plano galáctico que fuera de él, perturba la nube de Oort con las
consecuencias mencionadas. Que las fluctuaciones en la biodiversidad estén
relacionadas con alguno de estos fenómenos astronómicos parece una hipótesis
plausible; sin embargo, como el astuto lector habrá adivinado, falta mucha
investigación por hacer.