sábado, 4 de julio de 2026

Presiones


Cierto que casi todos tenemos una idea de la presión: sea de un gas (en un globo o en un neumático), sea la presión atmosférica, que incide en el buen o mal tiempo atmosférico; pero no me voy a detener en su significado, sino en su magnitud. Me pregunto qué grande o pequeña puede ser la presión en el universo.
A presiones altas se disuelven los gases en la sangre, se aplastan los organismos, se destruyen los átomos, se forman agujeros negros; se fabrican diamantes artificiales y hasta los elementos químicos son diferentes: el hidrógeno, por ejemplo, se presenta como hidrógeno metálico en vez de como gas. ¿Y a presiones bajas? No existe el agua líquida; el Ikaros, sonda espacial enviada a Venus en el 2010, está equipado con una vela solar para ser impulsado por la luz; el tenue viento solar forma la cola de los cometas que se dirige en el sentido contrario a la luz solar.
Cien mil unidades internacionales de presión, poco más o menos, se miden en la superficie terrestre al nivel del mar. Diez millones soporta un cachalote sumergido; cien millones el fondo oceánico; mil millones ejercemos al clavar una aguja; con cinco mil millones sintetizamos diamantes artificiales; treinta mil millones se alcanzan durante una explosión; cinco billones durante una explosión atómica. En el centro de la Tierra la tercera parte de un billón, en el centro de Júpiter siete billones, en el centro Sol diez mil billones, un cuatrillón en el centro de una estrella enana blanca, diez mil quintillones en el centro de una estrella de neutrones, y diez billones de gúgoles, la llamada presión de Planck, el límite máximo, tal vez exista dentro de un agujero negro. Tenemos que ascender cinco kilómetros y medio desde el nivel del mar para reducir la presión atmosférica a la mitad, y dieciséis kilómetros para disminuirla a la décima parte; a poco más de seis mil el agua hierve a la temperatura del cuerpo. En la superficie de Marte se miden seiscientos, cuatro millonésimas ejerce la luz solar y dos milmillonésimas el viento solar, en la superficie de la Luna se miden trescientas billonésimas, y en el espacio profundo intergaláctico diez trillonésimas. En resumen entre lo más lleno (el máximo posible) y lo más vacío (el espacio profundo) hay una diferencia de ciento treinta órdenes de magnitud, ciento treinta ceros, una escala que abarca todo lo que existe.