sábado, 14 de junio de 2014

Colesterol bueno, colesterol malo


La molécula de colesterol es imprescindible para la vida animal; lo afirmo así de rotundo. Y lo es debido a las numerosas funciones que ejerce: componente de las membranas de las células, precursor de la vitamina D y, por lo tanto, esencial para absorber calcio, y precursor de las hormonas sexuales progesterona, estrógenos y testosterona, y de las hormonas de la corteza de las glándulas suprarrenales cortisol y aldosterona. El cuerpo humano no sólo sintetiza el colesterol, sino que lo hace de una forma regulada: la alta ingestión disminuye su producción y viceversa. Además, se deshace de él convirtiéndolo en las imprescindibles sales biliares, que se desechan con las heces fecales.

La mala fama del colesterol se debe a que los médicos han averiguado que las enfermedades cardiovasculares, infartos incluidos, pueden comenzar con una inflamación de las arterias que estrecha su diámetro interno, debido al depósito de colesterol en sus paredes (aterosclerosis llaman a este síndrome). Dedujeron del hecho que el exceso de colesterol en la sangre debería ser malo; sin embargo, hallaron que su concentración en el plasma sanguíneo (entre ciento cincuenta a doscientos miligramos cada decilitro en individuos sanos) no guarda relación con el riesgo de la enfermedad. Se trata de un asunto más complejo: el colesterol plasmático existe en forma de grandes partículas: unas, las lipoproteínas de baja densidad (LDL), transportan el colesterol desde el hígado a los tejidos, otras, las lipoproteínas de alta densidad (HDL), hacen el recorrido inverso; una concentración sanguínea alta de las primeras, popularmente conocidas como colesterol malo, causa aterosclerosis y aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares; las segundas, conocidas popularmente como colesterol bueno, protegen el sistema cardiovascular. Me apresuro a indicar, pensando en el lector aprensivo, las concentraciones recomendadas de ambas: menor que cien miligramos cada decilitro para la LDL y mayor de sesenta para la HDL.

No puedo abandonar el tema sin mencionar la teoría expuesta en el artículo “Colesterol LDL: ¿Colesterol “malo” o mala ciencia?”. Su autor, Anthony Colpo, considera que atribuir la causa de la aterosclerosis al colesterol LDL es una hipótesis simplista y científicamente insostenible; el heterodoxo investigador estima que la LDL oxidada existente en el plasma, que depende del estado antioxidante de cada individuo, es la causa de la aterosclerosis. El escritor, indeciso, se aplica a sí mismo la máxima de Ludwig Wittgenstein: “de lo que no se puede hablar se debe guardar silencio”.

2 comentarios:

C. Armesto dijo...

Estimado amigo

Wittgenstein no fue médico ni científico, fue un filósofo discípulo de Bertrand Russell.

Saludos
Epi

C. Armesto dijo...

Estimado amigo

Siendo los huevos uno de los alimentos que más colesterol contienen, se pueden comer porque también contienen otras sustancias (lecitina, fosfatil colina) que impiden la mayor parte de su absorción.

Saludos cordiales
Epi