En
el año 2005, científicos de la Agencia Europea del Espacio comprobaron que unos
líquenes antárticos habían sobrevivido en el espacio exterior, sin protección.
¿Qué características tienen estos ubicuos seres vivos para conseguir tal
hazaña? Un liquen es el resultado de
la asociación de un hongo y un alga (o una cianobacteria), ni más ni menos. El
hongo se beneficia del agrupamiento porque toma parte de los nutrientes –los
carbohidratos- que el alga sintetiza; y el alga, por su parte, consigue
–gracias al hongo- aumentar su capacidad de absorción de agua y protegerse de
la desecación. Las facultades
conjuntas de ambos asociados confieren al liquen unas características únicas:
pueden vivir en parajes donde, debido a un clima extremo, morirían sus
componentes aislados; en definitiva, son excepcionalmente resistentes a las
condiciones ambientales adversas; tan grande es su capacidad de supervivencia
que las diversas especies prosperan en prácticamente todos los ecosistemas terrestres,
incluso en medios extremadamente hostiles para la vida, como las zonas polares,
los desiertos… o fuera de la Tierra: en el año 2007, unos líquenes españoles
sobrevivieron, durante unos días, a las extremas condiciones del espacio
exterior.
Los
hongos que constituyen estos singulares seres vivos no se comportan de la misma
forma si se hallan solos que acompañados; los biólogos todavía ignoran la
función que desempeñan las sustancias liquénicas, unos productos que sintetiza
el hongo únicamente si acompaña al alga; quizá proporcionen protección contra
los patógenos (pues presentan capacidad antibacteriana y antifúngica), tal vez
disuadan a los herbívoros de que los coman, acaso intervengan en la absorción
del agua, o aumenten la permeabilidad de las algas permitiendo el intercambio
de sustancias. Sí saben los bioquímicos, que algunas sustancias liquénicas son
desechos de la actividad celular cotidiana y protectoras de contaminantes, de
la radiación ultravioleta e incluso de la radioactividad.
Debo
añadir que los líquenes también pueden servir a los habitantes de las ciudades
como indicador de la calidad del aire que respiran. ¿Por qué, preguntará algún
curioso lector? Debido a su susceptibilidad -su propagación se reduce- ante el
dióxido de azufre, el principal responsable de la lluvia ácida. Y no se trata
de un invento nuevo, los mineros, hasta finales del siglo pasado, llevaban un
canario al tajo para avisarles de la contaminación del aire ambiental: si el
pájaro moría entendían que había aumentado la concentración de metano o
monóxido de carbono tóxicos y había que evacuar.