sábado, 9 de julio de 2022

Inéditos viajes de los planetas gigantes


¿Puede haber algo más estable que los planetas? Hasta no hace mucho se pensaba que el lugar que ocupan las órbitas de Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano o Neptuno era inmutable. Allí se habían formado y ahí continuarían, girando en torno al Sol, hasta el fin del sistema solar. Nada nos inducía a pensar lo contrario. Sin embargo, a medida que se conocen otros sistemas solares, los astrónomos atisban indicios que desmienten tal presunción. Se aprecian tres peculiaridades: no hay planetas entre Mercurio y el Sol, existen planetas rocosos interiores y gigantes gaseosos exteriores. La nueva explicación de la arquitectura del sistema solar es que los planetas gigantes emigraron de sus órbitas durante su tumultuosa juventud; el nuevo relato habla de mundos errantes expulsados de su lugar de nacimiento y de mundos que se arrasaron en el Sol. 
Los planetas se forman de una manera similar a las estrellas: a partir de regiones densas en el seno de enormes nubes moleculares, nubes de gas y polvo que, después de su colapso, se convierten en discos rotatorios hechos con el material sobrante. El Sol comenzó su vida en el centro de uno de esos discos de la Vía Láctea. Con el material caliente y seco del interior del disco se formaron mundos de tamaño intermedio, mayores que los planetas rocosos interiores y menores que los gigantes gaseosos exteriores. En los confines externos, los abundantes hielos propiciaron la formación de planetas del tamaño de Neptuno; los más grandes atrajeron la mayoría del material, aumentando de tamaño hasta convertirse en Júpiter y Saturno, quienes, una vez formados, comenzaron a precipitarse hacia el Sol viajando sobre espirales de gas. Durante su trayectoria, Júpiter actuó como una enorme máquina quitanieves gravitatoria, que abrió un hueco en el disco y empujó la materia, también a los mundos de tamaño intermedio, hacia el Sol. En algún momento ambos planetas gigantes, entraron en resonancia orbital, entonces frenaron su emigración, invirtieron su trayectoria y, como un bumerán, volvieron al exterior: Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y el cinturón de asteroides constituyen los restos del viraje. Una vez en el exterior, interaccionaron con Urano Neptuno, quizá expulsaron hacia afuera a un hipotético planeta gigante, formaron el cinturón de Kuiper y, como efecto secundario, se dispararon ráfagas de cometas y asteroides hacia el interior del sistema solar: la formación del sistema solar había finalizado. 

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