En el siglo XXI la contaminación del agua por las prácticas agrícolas insostenibles -las habituales- plantea una grave amenaza para la salud humana y de los ecosistemas del planeta que muchos agricultores y gestores públicos infravaloran. La frase parece rotunda; pero refleja la certeza del peligro que atestiguan los expertos en el tema. Tal vez el perspicaz lector lo ignore, pero la mayor fuente de contaminación del agua no son las ciudades ni la industria, sino la agricultura, y los nitratos procedentes de la actividad agrícola son los más habituales contaminantes químicos que pueden detectarse en los acuíferos subterráneos. La agricultura vierte productos químicos sintéticos, materia orgánica, sedimentos y sales en el agua; se trata de una contaminación que afecta a miles de millones de personas y que genera costes de miles de millones de dólares anuales. No, no son las personas, ni las áreas urbanas quienes producen más aguas residuales y materia orgánica que contamina el agua que necesitamos imperiosamente, sino la agricultura y ganadería; actividades que además añaden otros riesgos, no hay más que recordar sus acompañantes: los plaguicidas, nitratos, metales tóxicos y antibióticos perjudiciales para la salud humana.
El auge de la productividad agrícola mundial, que se inició en la mitad del siglo XX, se logró a través del uso intensivo de plaguicidas y fertilizantes químicos que, si bien es verdad que han conseguido aumentar la producción mundial de alimentos, también amenazan la salud humana y de los ecosistemas. Dos datos nos permiten valorar la amplitud del aumento: desde 1960 el uso global de fertilizantes minerales se ha multiplicado por diez, desde 1970 las ventas mundiales de plaguicidas se han multiplicado por treinta y cinco. La ganadería no se ha quedado atrás en el crecimiento: desde 1970 el número mundial de cabezas de ganado se ha más que triplicado; pero tal intensificación pecuaria ha alumbrado una nueva clase de contaminantes: los antibióticos y hormonas del crecimiento que, a través del agua, viajan desde las granjas a nuestras bebidas o a los ecosistemas. Y la acuicultura, que se ha multiplicado por veinte desde 1980; un nuevo sector que libera excrementos de los peces, antibióticos, piensos sin consumir y fungicidas en las aguas terrestres superficiales.
¿Que la salud de las personas y de los ecosistemas está amenazada? La forma más eficaz de neutralizar el peligro consiste en limitar la emisión de contaminantes en el origen. ¡No hay otra solución!