sábado, 14 de septiembre de 2019

ADN raro



     Hay libros que todo aficionado a la ciencia tiene la obligación moral de leer: La doble hélice es uno de ellos; su autor, el premio Nobel, James Watson, relata las vicisitudes y aventuras que, durante los años 1951 a 1953, les llevaron a él y a su colega Francis Crick, a desentrañar la estructura de la molécula más importante de la vida: el ADN. El modelo que propusieron consta de dos cadenas de nucleótidos unidas, como si fuesen una escalera de cuerda; escalera enrollada en espiral y cuyo sentido de giro (yendo de abajo arriba) es hacia la derecha; los técnicos argumentan que se trata de una doble hélice dextrógira.
     El escritor sabe que, si cambia el orden de las letras del alfabeto genético, lo que equivale a decir que cambia la secuencia de los nucleótidos del ácido nucleico, se obtienen distintas proteínas y, por tanto, seres vivos diferentes; pero pensaba que la forma de la molécula de ADN de cualquier bicho, planta o bacteria era idéntica: erraba, el fenómeno es más enrevesado. El modelo de ADN propuesto por Watson y Crick se refiere a la forma predominante en las células: el ADN-B; pero existen otras dos configuraciones de la molécula que presentan geometrías y dimensiones distintas. Poco hay que decir del ADN-A: se ignora su función. La doble hélice del ADN, que apellidamos Z, puede ser levógira (ambas hebras de nucleótidos giran hacia la izquierda) en vez de dextrógira como es habitual; y no es un fenómeno valadí: los enfermos que padecen el fatal lupus eritematoso sistémico producen anticuerpos contra su propio ADN, anticuerpos que reaccionan contra el ADN-Z. ¿Acaso existe este ADN anómalo en las células? ¿Dónde está? ¿Cuándo aparece? Parece ser que el ADN-Z se forma en los puntos en los que se inicia la síntesis del ARN mensajero. Ahora bien, en todas las células se forma ARN mensajero, el intermediario entre los genes y las proteínas que forman, entonces ¿por qué en unas personas el ADN-Z actúa como antígeno y en otras, no? Por otro lado, sabemos que los segmentos de ADN cuyos componentes han sido modificadas (por metilación de los nucleótidos) pueden sufrir cambios conformacionales y adoptar la forma Z. ¿Será ésta la clave? Porque la metilación del ADN es esencial para el desarrollo normal y se asocia con una serie de procesos esenciales, como la inactivación del cromosoma X, el envejecimiento o la carcinogénesis.

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