sábado, 13 de junio de 2026

Viajeros ácidos y grasos


La mayoría de nuestras células dispone de dos combustibles para obtener energía, la glucosa y los ácidos grasos. Grasas o aceites, no importa su procedencia, animal o vegetal, están formados por la misma familia de moléculas, los triglicéridos; cada uno formado por la unión de tres moléculas largas -los ácidos grasos- a una molécula corta, el glicerol. Acompañemos a un ácido graso desde que lo comemos hasta su destino final. El recorrido comienza con el alimento en la boca, atraviesa el estómago y los triglicéridos no son alterados hasta al comienzo del intestino delgado, donde un detergente, procedente de la vesícula biliar, los emulsiona, o sea, los convierte en gotitas; a continuación, unas tijeras celulares, las lipasas, los rompen en sus componentes. Los ácidos grasos recién liberados difunden hacia dentro de las células intestinales, quienes vuelven a recomponer los triglicéridos y los empaquetan para su transporte en paquetes de entre cien mil y diez millones de triglicéridose, en los que también han introducido un cuatro por ciento de colesterol; llaman quilomicrones a estos paquetes forrados con proteínas. Los quilomicrones, expulsados por las células intestinales hacia la linfa, llegan a la sangre y, en ella, a las células musculares y a las células grasas. De nuevo una tijeras moleculares -lipasas- rompen los triglicéridos y dejan los ácidos grasos libres; ácidos grasos que transportadores ubicados en la superficie celular introducen dentro de las células.
Si el ácido graso entra en una célula muscular, se dirige hacia un pequeño orgánulo, la mitocondria, donde, una vez dentro, se quema a baja temperatura, produciendo dióxido de carbono, agua y la energía celular. Pero si el ácido graso penetra en la célula grasa, forma dentro de ella unas enormes gotículas de grasa semejantes a los quilomicrones, no en el tamaño, mil veces mayores, sino en la composición: misma composición interna (triglicéridos y colesterol) y externa, pero con proteínas diferentes. ¿Qué sucede a estos ácidos grasos almacenados? Cuando una hormona (la adrenalina, por ejemplo) contacta con un receptor ubicado en las células grasas, se activan lipasas que liberan los ácidos grasos; que difunden hacia la membrana celular, donde se unen a la albúmina, proteína de la sangre que los transporta a las células que demandan energía. 
Una vez que los quilomicrones han descargado, en uno u otro lugar, el ochenta por ciento de los triglicéridos, convergen en el hígado, quien los fagocita y aprovecha. Y aquí acaba la historia.

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