sábado, 11 de mayo de 2013

Curiosidad en Marte


Vivimos en una época única: durante la segunda mitad del siglo XX hemos empujado la frontera de la humanidad fuera de la Tierra. Y seguimos haciéndolo: en 2012 el robot Curiosidad llegó a Marte con una misión apasionante: averiguar si han existido bacterias marcianas en el pasado y si el planeta puede albergar vida en el presente.

Marte, con un tamaño aproximadamente igual al del núcleo terrestre (la décima parte de la masa de la Tierra), con un tercio de nuestra gravedad y un día similar (lo sobrepasa algo más de media hora), es un ejemplo de planeta en las etapas finales de su evolución, y como tal, un lugar perfecto para reconstruir una historia planetaria. Los expertos siguen la pista del agua tras la cual podría encontrarse la primera biosfera extraterrestre; y por ello tratan de conocer la historia climática. Por lo pronto saben que su atmósfera es tan tenue como la de la Tierra a cuarenta kilómetros de altura, y que está formada casi exclusivamente por dióxido de carbono (el noventa y cinco por ciento); también han hallado abundantes huellas de agua, que fluyó en un pasado lejano por toda la superficie, posiblemente durante millones de años.

En el pasado, los científicos querían llegar a las llanuras marcianas, lugares planos donde los aparatos no sufrieran daños; ahora quieren ir a parajes sinuosos, porque las cuestiones sobre vida y los cambios climáticos del pasado sólo pueden estudiarse en las rocas y, para encontrarlas, es necesario ir a las montañas. El Curiosity ha sido enviado al interior del cráter Gale, porque allí hay sedimentos que probablemente se acumularon debido a la existencia de agua abundante.

Después de recorrer quinientos sesenta y siete millones de kilómetros en ocho meses y diecisiete días, un robot del tamaño de un automóvil pequeño -novecientos kilos- se posaba delicadamente en Marte. El propio robot gobernaba el aterrizaje: una hazaña; la Tierra y Marte están tan lejos (doscientos cincuenta millones de kilómetros) que los controladores humanos no podían intervenir en la maniobra porque las comunicaciones de radio se retrasan catorce minutos.

La curiosidad por saber si existe vida marciana es una de las razones más nobles para viajar. Escéptico lector, la curiosidad que movió a Ibn Batuta, Marco Polo, Zheng He, Cristóbal Colón, Fernando de Magallanes, James Cook, David Livingstone, Roald Amundsen y Neil Armstrong nos sobrevivirá. La curiosidad, como la semilla, yacerá en el polvo y se pudrirá, sólo para germinar nuevamente en los tiempos y lugares más inesperados.

No hay comentarios: