sábado, 7 de julio de 2012

Antimateria

     Le recuerdo al lector profano, quizá confundido con los nuevos calificativos de la materia y de la energía, que probablemente existan la energía y la materia oscuras, aunque aún se ignore en qué consistan; sepa que podrá fabricar antimateria en un laboratorio o discutir sobre la realidad de la energía negativa; desconfíe, en cambio, de quien pontifique sobre la materia negativa o la antienergía, ambas carecen de significado.

     Fijémonos en la antimateria. Los científicos saben que todos los objetos materiales están formados por partículas; y también han observado que, por cada partícula de materia ordinaria, existe otra que tiene la misma masa y carga eléctrica opuesta. Dejemos volar la imaginación: estas nuevas partículas -que calificamos como antimateria- podrían unirse y formar átomos (antiátomos), que a su vez constituirían antiplanetas, antiestrellas, antigalaxias, quizá hasta antipersonas. Volvamos a la realidad de nuevo; los físicos han comprobado que cuando las partículas chocan con las antipartículas, ambas se aniquilan totalmente y en su lugar aparecen rayos gamma, que constituyen la forma más energética de la luz. Y otra vez recurrimos a la imaginación: si fuera posible que una persona se diese un abrazo con una antipersona se produciría una explosión equivalente a mil detonaciones de bombas nucleares de un megatón, suficiente cada una de ellas para destruir una ciudad.

     El lector inteligente probablemente se preguntará si existe antimateria en el universo. Los datos apuntan a que no: los observatorios astronómicos que detectan rayos cósmicos –partículas precedentes de las estrellas y galaxias- han hallado muy pocos antiprotones y antielectrones, y ninguna antipartícula pesada. Parece que el universo está formado casi exclusivamente por materia. Y nadie sabe a que se debe esta incómoda asimetría.

     Tanto se afanaron los astrónomos en buscar antimateria por todo el universo que al final la fueron a encontrar -en minúsculas cantidades- en el sitio menos esperado: en 2011, Michael Briggs detectó chorros de antimateria… en la Tierra. ¿Su origen? Los científicos sospechan que los quinientos destellos de rayos gamma terrestres, producidos diariamente en la atmósfera, son generados en la parte superior de las tormentas; si las condiciones son adecuadas intensos campos eléctricos desencadenan un ascenso de electrones, que alcanzan velocidades cercanas a la de la luz, y despiden rayos gamma cuando interaccionan con las moléculas del aire; rayos gamma que se transforman en electrones y positrones, que son expulsados fuera de la atmósfera. Antimateria encima de las tormentas. ¡Quién lo iba a decir!

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