sábado, 12 de septiembre de 2009

Osteoporosis, inesperadas semejanzas entre los astronautas y los ancianos


En una época en la que se idolatra a la juventud, resulta habitual que muchos conciudadanos nuestros identifiquen la vejez con enfermedad. Yerra quien lo haga. Apenas hay diferencia entre un adulto sano de sesenta o setenta años y uno de noventa; sí la hay, en cambio, si alguno de ellos está enfermo. Los ancianos rompen con facilidad los huesos –dirá, dubitativo aquél-. Se trata de una impresión cierta… que refleja sólo una parte de la verdad. Cuatro de cada diez mujeres y uno de cada diez hombres mayores de cincuenta años padecen osteoporosis, que así llaman los médicos al mal que desarrollan quienes tienen pocas proteínas y escaso fosfato de calcio en sus huesos, y los fracturan con un pequeño golpe. De epidemia silenciosa la califican los clínicos porque es una perturbación que no avisa, no provoca síntomas, el problema surge cuando, después de una simple caída o de cargar un peso, se fractura una vértebra, una muñeca o una cadera. Insisto en que se trata de una enfermedad y no una necesaria consecuencia de la edad, porque el hueso, como el músculo, se fortalece con el ejercicio; y tanto fortifica el aparato locomotor el joven que juega al fútbol como el anciano que camina varios kilómetros todos los días. La disminución de la masa ósea también la presentan -quién podría pensarlo- los jóvenes astronautas que viven en ingravidez largo tiempo, y aquellos enfermos de cualquier edad que deban permanecer en cama una temporada prolongada.
En los años 2001 y 2002, los biólogos que trabajaban para las agencias espaciales solicitaron a unos voluntarios que permanecieran acostados durante noventa días. Sabían que en esa posición el cuerpo humano sufre efectos muy similares a los ejercidos por la ingravidez; y querían estudiar la manera de compensar la atrofia muscular y la pérdida ósea. Los resultados obtenidos importan, no sólo a los tripulantes de vuelos espaciales de larga duración, como los que viajarán a Marte, sino también a los enfermos –ancianos o no- aquejados de dolencias similares. En el 1961, año en que Yuri Gagarin salió fuera de la atmósfera, o en el 1969, año en que por vez primera un humano pisó la Luna, muchos profanos calificarían de iluso a quien osara afirmar que los vuelos espaciales podría mejorar el bienestar de los ancianos. ¡Qué equivocados estaban!

1 comentario:

C. Armesto dijo...

Estimada amiga

Además de algunas enfermedades graves, la deficiencia de calcio o de vitamina D, el consumo de alcohol, tabaco y la vida sedentaria aumentan el riesgo de padecer osteoporosis.

Saludos cordiales de
Epi