sábado, 15 de agosto de 2009

Seda de araña: la realidad supera a la ficción


Si el joven lector es amante de los cómics, le recomiendo que consulte con un científico sobre la calidad de la tecnología usada por Spiderman. Probablemente le dirá que el aparato lanza-redes de las muñecas del hombre araña es obsoleto. Si Spiderman usase biotecnología, habría modificado genéticamente las células epiteliales de sus muñecas, para que fueran capaces de fabricar la proteína que constituye la tela de araña. ¿Fantasía desbocada? Pues los biólogos pretenden conseguir tal manipulación celular… en las cabras.
El astuto lector sabe que un hilo de seda de araña resulta mucho más resistente que un cable de acero de similar grosor –por eso una tela de araña, cuyas fibras tengan el diámetro de un lápiz, podría detener a un Boeing en vuelo-, y es muchísimo más elástico -puede estirarse hasta veinte veces su tamaño sin romperse-. Además, es un material natural, inocuo y biodegradable; pues se trata de una proteína -la fibroína- que producen las células epiteliales de las arañas. Debido a sus asombrosas propiedades los humanos hemos intentado usarla con éxito nulo hasta la fecha; fracasaron los intentos de criar arañas: son muy agresivas y, además, comen la seda que no les sirve; corrió la misma suerte el intento de obtener fibroína con bacterias y levaduras genéticamente modificadas: sus enzimas la degradaron. Ante tal cúmulo de fracasos se necesitaba un enfoque diferente. Los biólogos han desarrollado una estirpe de cabras aptas para la fabricación de grandes cantidades de proteínas en su leche: insulina, colágeno, hormona del crecimiento, factores de coagulación sanguínea, anticuerpos monoclonales o fibroína; y no debe extrañarnos que las células epiteliales de una cabra, adecuadamente modificadas, sean capaces de fabricar la proteína de la seda de las arañas, después de todos los animales tenemos una bioquímica parecida. Los investigadores ya conocen el proceso: primero se aísla el gen de la fibroína; a continuación, se inserta el gen en un agente biológico que lo transporta; después, se introduce el agente en el núcleo de una célula de cabra. Los biólogos han llegado hasta aquí. El siguiente paso consistirá en inyectar el núcleo modificado en un embrión de una cabra, que se implantará en el útero de un animal adulto. Ya sólo queda esperar a que nazca la cabra transgénica: su leche contendrá la fibroína. Auguro que, en el futuro, hilaremos fibras de este extraordinario biomaterial con los métodos habituales de la industria textil. ¿Sorprendido el joven lector? Lo verá.

1 comentario:

C. Armesto dijo...

Estimado amigo

Una precisión, seguramente innecesaria, las arañas no son insectos: se pueden distinguir ambos grupos animales contando el número de patas. Seis éstos, ocho aquellos.

Cordialmente
Epi