Una vez descubiertos los neutrones en el año 1932, algunos astrofísicos se preguntaron si podrían existir estrellas formadas exclusivamente por tales partículas, los únicos constituyentes neutros del átomo. Las explosiones estelares -supernovas-, aunque raras, emiten radiación cuya intensidad iguala a la de toda una galaxia entera, que contiene cien mil millones de estrellas: la supernova -escribió Fritz Zwicky en el año 1934- “representa la transición de una estrella ordinaria a una estrella de neutrones”. La idea era tan revolucionaria que nadie lo creyó. Fijémonos en los tamaños para disculpar la incredulidad de físicos y astrónomos. El diámetro de una gigante roja es doscientas veces mayor que el Sol; el Sol es cien veces mayor que un enana blanca; la enana blanca supera setecientas veces el tamaño de una estrella de neutrones; pero el tamaño de la estrella de neutrones sólo es el triple que un agujero negro. En esa época, ya se había conmocionado la astronomía al comprobar que una estrella -enana blanca- con la masa del Sol podía tener un tamaño similar al terrestre, pero si se daba el enorme salto conceptual de aceptar la existencia de una estrella de neutrones, parecía muy probable, dada la proximidad de tamaños, que los agujeros negros pudiesen existir. Y si la existencia de una estrella de neutrones ya es difícil de creer; porque supone aceptar que una estrella con la misma masa que el Sol está concentrada en un esfera de diez ¡sólo diez! kilómetros de diámetro… qué decir de un agujero negro, que ni siquiera se sabía qué pudiera ser. Por estas razones los astrónomos se mostraron renuentes a aceptar la existencia de estrellas de neutrones hasta que se observara una. Y eso que los físicos teóricos habían predicho sus características: que la masa de las estrellas de neutrones debe estar comprendida entre una y dos décimas y dos y dos décimas de la masa del Sol; y que se forman a partir de la explosión supernova de estrellas cuya masa esta comprendida entre ocho y veinticinco veces la del Sol. Con estas magnitudes se concluye que la densidad de una estrella de neutrones es tal que una cucharadita de ella pesaría miles de millones de toneladas.
Sí, ya se han observado muchas; y se estima que existen entre cien millones y mil millones de estrellas de neutrones en la Vía Láctea; la mayoría -no todas- ya no emiten radiación detectable.