Todas las células humanas (excluimos los glóbulos rojos y las plaquetas) tienen en su interior unos orgánulos, llamados por los biólogos mitocondrias, que son auténticas centrales energéticas; lo son porque sintetizan la mayor parte del ATP, la molécula de energía, que usan las células. ¿Por qué unas células tienen muchas mitocondrias y otras tienen pocas? Conocida su función deducimos que su cantidad dependerá de la demanda energética. Las células que ejecutan mucho trabajo y requieren un suministro elevado de ATP estarán repletas de mitocondrias: como las células musculares esqueléticas que nos mueven o las células cardíacas que se contraen continuamente; o las neuronas cuya alta demanda energética se debe a que deben transmitir ininterrumpidamente impulsos nerviosos, sintetizar neurotransmisores y mantener la plasticidad sináptica; o las células epiteliales del riñón y del intestino que, para el transporte activo de iones y moléculas, requieren gran cantidad de ATP; o las células de hígado, muy activas tanto en la síntesis de proteínas, como en la desintoxicación de moléculas, que contienen miles de mitocondrias. Las células con baja demanda energética tendrán pocas mitocondrias: como las células de tejido conectivo (fibroblastos y adipocitos) o las células epidérmicas de las capas externas de la piel. Las células inmunitarias (linfocitos) en reposo necesitan pocos ATP; sin embargo, su número de mitocondrias aumenta cuando se activan para responder a una infección. Los veinticinco billones de glóbulos rojos de un humano cualquiera no sólo carecen de núcleo, sino también de mitocondrias, por lo que deben obtener su energía directamente de la rotura de glucosa, sin recurrir a la importación de oxígeno.
Si una célula, que requiere varios centenares o millares de mitocondrias para funcionar con normalidad, tiene menos, nos indica que el tejido u órgano al que pertenece tal célula está enfermo o funciona mal. La supervivencia y funcionalidad de las células dependen de la producción de ATP por las mitocondrias; eso significa que una reducción en el número de ellas limita la cantidad de energía que fabrica la célula y es un indicador de envejecimiento y de diversas patologías. En las células musculares la disminución de la cantidad de mitocondrias genera debilidad y fatiga; en las células cardíacas provoca insuficiencia cardíaca y cardiopatías diversas; en las células renales afecta a la filtración y reabsorción de iones y moléculas; en las neuronas causa enfermedades neurodegenerativas (Alzheimer, Parkinson); y en las células de algunos tejidos se asocia con la diabetes y obesidad.