Las islas Baleares (España), año 2025, dieciséis personas son hospitalizadas por intoxicación. ¿El tóxico? Un suplemento multivitamínico, comprado en internet, que contenía concentraciones de vitamina D superiores a las declaradas. Los sufridos compradores habían calculado mal el riesgo sanitario que asumían; quizá ignoraban que es igual de peligroso el exceso como el defecto. Y es que la vitamina D, además de sintetizarla en la piel (D3), también la obtenemos de fuentes dietéticas (D2). Nosotros convertimos en vitamina D3 un compuesto derivado del colesterol al exponerlo a la radiación solar ultravioleta; de los hongos, que la fotosintetizan, extraemos una molécula análoga D2.
Este vitamínico preámbulo se debe a que me he enterado que la vitamina D ya no es una vitamina. ¿Qué es entonces? Una hormona. Antes de juzgar analicemos las diferencias que existen entre unas y otras. El cuerpo sintetiza hormonas -en las glándulas-, mientras que es incapaz de fabricar vitaminas, que deben ser ingeridas. Las hormonas son mensajeros, que viajan a órganos distantes a través de la sangre, capaces de regular el metabolismo y funciones esenciales; las vitaminas funcionan como facilitadores (cofactores) de reacciones químicas metabólicas. Las hormonas se unen a moléculas receptoras en las células, para desencadenar una respuesta; mientras que las vitaminas ayudan a las enzimas.
La aparición de nuevas pruebas bioquímicas nos ha obligado a reconsiderar la clasificación: la molécula nombrada vitamina D no es una vitamina, sino una pro-hormona que, tras dos pasos, se convierte en una hormona esteroide, el calcitriol. ¿Los argumentos? Su síntesis en la piel, por exposición a la luz solar ultravioleta, y su activación en el hígado y riñón; su aptitud para unirse a un receptor en las células, perteneciente a la familia de los receptores de hormonas esteroideas, capaz de activar o desactivar genes; y sus efectos sobre múltiples sistemas (particularmente el sistema inmunitario). Clasificar la vitamina D como hormona D nos facilita entender su intromisión en el funcionamiento de los diferentes sistemas del organismo, más allá de sus clásicos efectos sobre el metabolismo del calcio y la salud de los huesos; también resalta la necesidad de garantizar su suministro, ya sea mediante exposición solar o a través de la alimentación. Si recordamos que gran parte de la población pasa mucho tiempo en espacios interiores entenderemos porqué la deficiencia de la vitamina-hormona D se ha convertido en una pandemia; sin olvidarnos, por supuesto, que su exceso también puede matar.