Los humanos disponemos de unos circuitos eléctricos, constituidos por neuronas, capaces de conectar los receptores de señales -los sentidos- con el cerebro; y de éste con los músculos y los otros efectores. Me voy a referir a unos circuitos concretos -a los circuitos reflejos- que cumplen una función esencial: actúan involuntariamente y nos evitan planificar continuamente las acciones que nos mantienen vivos. El calor, el frío, el tacto, la luz o algunas moléculas generan una señal eléctrica en unas células, llamadas neuronas sensoriales; la señal se transmite a otras células, las interneuronas, que conducen el impulso a las neuronas motoras: completándose así el circuito reflejo; la activación de las neuronas motoras genera señales eléctricas en los músculos (y otros órganos), que se manifiestan en distintas respuestas: desde retirar la mano ante un objeto caliente, hasta dilatar las vías respiratorias durante una carrera.
El sistema nervioso central no sólo recibe y procesa señales del cuerpo para que funcionen los órganos armónicamente, también se encarga de disminuir la inflamación. El equipo de investigación de Kevin Tracey descubrió que los reflejos neurológicos anulan la producción de una molécula proinflamatoria, el TNF. Eligieron el nervio vago, que recibe señales de muchos órganos, para efectuar pruebas: han hallado que un aparato eléctrico, que estimula una porción del nervio mencionado a la altura del cuello, inhibe la producción de moléculas inflamatorias, concretamente, de las implicadas en los síntomas de la artritis reumatoide.
La inflamación, debida a patógenos, toxinas o moléculas inmunitarias del propio organismo, desencadena señales que viajan hacia el cerebro. Las señales recorren el nervio vago hasta el tronco encefálico donde, a través de una interneurona, son transmitidas hacia una neurona motora. La neurona motora conduce la señal (que el estimulador eléctrico implantado amplifica) hacia los órganos afectados a través de una sección diferente del nervio vago; nervio que se comunica con el nervio esplénico para que la señal llegue al bazo. En el bazo, las neuronas activadas liberan noradrenalina, molécula mensajera que estimula a los linfocitos T, para que liberen otra molécula, la acetilcolina, que actúa sobre una variedad de células inmunitarias, los macrófagos; el resultado consiste en que estas células reducen la producción de la molécula proinflamatoria TNF. En resumen, ya somos capaces de usar la estimulación eléctrica para el tratamiento de algunas enfermedades.
Conclusión: la medicina bioelectrónica nos ofrece la esperanza de una terapia alternativa a los fármacos.